Cómo desarrollar la confianza en el aula

Fortalece la confianza de tus estudiantes a través de preguntas

Cómo desarrollar la confianza en el aula

Hace algunos años que comencé mi carrera en la enseñanza. Mi labor ha transcurrido entre escuelas de educación básica y superior. En cada oportunidad aprovecho para compartir anécdotas con colegas y amigos. Como consecuencia de esta vida que llevo, he adquirido experiencia y he perfeccionado la comunicación que tengo con mis estudiantes; aunque no siempre haya sido así.

Ayer, mientras preparaba una de mis clases, recordé la primera vez que me paré frente a un grupo. Recién había concluido la universidad. Las teorías, los ejercicios, las metodologías, la bibliografía y el resto de información que se adquiere durante la formación académica, lo había aprendido al pie de la letra. Así que, con el entusiasmo de un estudiante recién egresado y sin perder tiempo, acudí a la escuela de la región para pedir una oportunidad como profesor (en el último año de clases había fantaseado con esta idea). Me aceptaron. Impartiría la materia de los jueves. Un día antes, como un niño, vinieron los nervios del primer día de clases. Había preparado mis notas con anticipación: diseñé actividades, tareas y trabajos en equipo; por poco y termino mi plan de trabajo de todo el año.

Llegó el día. Me fui a la escuela caminando; me daría el tiempo para pensar cómo iniciaría la clase. En punto de las ocho de la mañana comencé mi presentación. Todo iba según lo había imaginado, hasta que, a mitad de la sesión, hice una pregunta a los estudiantes y... el aula quedó en silencio. Un silencio que duró quizá unos segundo, pero que parecieron horas. Los alumnos no hablaban, se miraban entre ellos o al pupitre, evitando mi mirada.

El primer día fue un monólogo con silencios incómodos. Los estudiantes estaban cansados, y quizá aburridos de escucharme hablar durante horas. Algo no estaba bien. De camino a casa también opté por caminar y reflexionar un poco. Había omitido un detalle muy importante: los estudiantes.

Esa noche pensé mucho sobre cómo mejorar la clase para que los alumnos participaran. Invertí algunas horas en esta tarea; sin embargo, como suelen ocurrir los grandes descubrimientos, la respuesta llegó casi por azar, con una frase que escuché en casa: “Preguntando se llega a Roma” (la había usado mi madre para recriminar a mi hermana por no haber encontrado una papelería). Esta era la solución. El plan de trabajo que había diseñado no iba a funcionar si primero no me ganaba la confianza de los estudiantes y los invitaba a participar. La forma más rápida de lograrlo serían las preguntas. Así les daría a conocer que estaba interesado en sus opiniones respecto a cómo les gustaría aprender.

Me dediqué a enlistar una serie de preguntas que usaría durante la siguiente sesión. Quizá hayan variado un poco de aquellas que usé para la materia del jueves, pero esta es la lista de preguntas que hasta la fecha me siguen ayudando para preparar las clases. Las dividí en dos momentos:

Preguntas de inauguración:
Usé tarjetas para escribir las preguntas que usaría al inicio del ciclo escolar, durante la primera semana de clases. Les pedí a los estudiantes que escribieran sus respuestas en la parte posterior, de esta manera podría conocer su actitud frente a la materia:

- ¿Cómo te gustaría que fuera la bienvenida al curso
- ¿Cómo te gusta que te saluden o te llamen?
- ¿Cuáles son tus puntos fuertes en la escuela?
- ¿Qué cambios harías para iniciar bien el ciclo escolar?
- ¿Qué pasa en la escuela que te da miedo?
- ¿Cuándo crees que está bien cometer un error o demostrar que no sabes algo o cómo hacer algo?

Tras leer y revisar sus respuestas, seleccione los puntos más relevantes para exponerlos en clase. Les pedí que comentaran sus opiniones. Este fue el primer día que todos participaron, tanto en la actividad como en los temas de la clase que dirigí a partir de las preguntas.

Preguntas de seguimiento:
A la mitad del ciclo escolar decidí aplicar otra ronda de preguntas para compararlas con las primeras y así observar si había cambiado la opinión de los estudiantes:

- ¿Cuándo sientes que has aprendido? ¿Con qué frecuencia?
- ¿Cuándo sientes que te escuchan?
- ¿Cuándo sientes que eres respetado?
- ¿Cuándo te sientes más seguro / inseguro?
- ¿Cuándo te sientes desafiado y apoyado?

Seguí el mismo procedimiento y juntos discutimos resultados y opiniones. Para dirigir esta clase usé constantemente argumentos de apoyo, para incentivar positivamente a los estudiantes a desarrollar sus habilidades de reflexión y confianza.

Al finalizar el ciclo escolar el grupo era otro. Todos estaban abiertos a la participación, sin miedo a opinar en clase. Seguí aplicando este método de preguntas siempre que me encontraba con estudiantes silenciosos, y siempre daba resultado. Cuanto más conozcamos sobre nuestros estudiantes, más podremos ayudarlos a desarrollar su aprendizaje a través de espacios de confianza, donde podremos dar respuestas a sus dudas o inquietudes. Estas son sólo algunas de las preguntas que he usado a lo largo de mi carrera. La lista sigue creciendo, así como la confianza de los estudiantes. Intenta aplicar este método de preguntas con tus alumnos, seguro comenzarán a participar y juntos construir conocimiento.

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