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Instrucciones: Responde las siguientes preguntas.
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Los griegos
Durante la Edad Micénica, las armas se hacían con la aleación de cobre y estaño que llamamos bronce. Los héroes de La Ilíada arrojaban lanzas con puntas de bronce contra escudos de bronce y esgrimían espadas de bronce, según la cuidadosa descripción de Homero. El bronce era a la sazón el metal más duro del que disponían los griegos, y el período en que se usó en la guerra es llamado la Edad de Bronce.
El hierro era conocido por entonces y los hombres comprendieron que se lo podía tratar de tal modo que fuera más duro que el bronce. Pero no se conocían métodos para obtener hierro de los minerales que lo contenían, de manera que el único hierro disponible provenía del ocasional hallazgo de hierro metálico en la forma de un meteorito. Por eso, los micénicos lo consideraban un metal precioso.
Isaac Asimov
Seleccione las ideas secundarias del texto de Isaac Asimov.
Planeta simbiótico
La simbiosis, el sistema en el cual miembros de especies diferentes viven en contacto físico, es un concepto arcano, un término biológico especializado que nos sorprende. Esto se debe a lo poco conscientes que somos de su abundancia. No son sólo nuestras pestañas e intestinos los que están abarrotados de simbiontes animales y bacterianos; si uno mira en su jardín o en el parque del vecindario los simbiontes quizá no sean obvios pero están omnipresentes. El trébol y la vicia, dos hierbas comunes, tienen bolitas en sus raíces. Son bacterias fijadoras de nitrógeno esenciales para su sano crecimiento en suelos pobres en este elemento. Tomemos después los árboles, el arce, el roble y el nogal americano; entretejidos en sus raíces hay del orden de trescientos hongos simbiontes diferentes: las micorrizas que nosotros podemos observar en forma de setas. O contemplemos un perro, normalmente incapaz de percatarse de los gusanos simbióticos que viven en sus intestinos. Somos simbiontes sobre un planeta simbiótico y, si nos fijamos, podemos encontrar simbiosis por todas partes. El contacto físico es un requisito imprescindible para muchos tipos de vida diferentes.
Lynn Margulis
Seleccione las ideas que concluyen el texto de Lynn Margulis.
Los murciélagos, ¿héroes o villanos?
En el siglo XIX y principios del XX, las grandes explotaciones (ranchos, estancias) de bovinos de Argentina, Brasil, México, Perú y Venezuela sufrían la pérdida de animales por una enfermedad que en Brasil llamaban peste das cadeiras, en México derriengue o derrengadera, y con otros nombres en distintos lugares. Los animales afectados por esta enfermedad fatal presentaban signos nerviosos como agitación, parálisis de los miembros posteriores que evolucionaba a parálisis generalizada, dificultad para respirar y deglutir, y respuesta exagerada a estímulos externos como luz, sonido, etcétera.
Sin embargo, en aquella época no se conocía el origen de esta enfermedad. No fue sino hasta los años treinta del siglo XX que los estudios de investigadores latinoamericanos como Queiros Lima (1934), de Brasil, demostraron fehacientemente que esta enfermedad, que diezma al ganado, no era otra sino la rabia, conocida hace milenios en el antiguo continente, pero que en este caso era transmitida por murciélagos hematófagos, además de perros, lobos o zorros.
En México, entre 1944 y 1945, el doctor Téllez Girón (1944) demostró que la enfermedad, conocida también en nuestro país con los nombres de huila, tronchado o renguera (dependiendo de la región) era igual a la peste das cadeiras del Brasil, y que correspondía a la rabia ancestral, como había descrito Queiros Lima. ¿Quién iba a decir en aquellas épocas que actualmente, en los albores del siglo XXI, contamos con evidencias de que la rabia tiene su origen precisamente en los murciélagos, y que de ahí pasó a los carnívoros terrestres, los animales que se describieron primero como la raíz de este mal?
Álvaro Aguilar Setién y Nidia Aréchiga
Identifique la conclusión del texto.
Alejandro avanzó luego tierra adentro, hacia Gordion, la capital de la antigua Frigia, cuatro siglos antes. En Gordion se le mostró “el nudo gordiano” y oyó la antigua profecía según la cual quien lograse desatarlo conquistaría toda Asia.“¿Es cierto? -preguntó-. Pues, entonces, lo desataré”. Y, sacando su espada, lo cortó. Desde entonces, la frase “cortar un nudo gordiano” se ha usado para referirse a una solución directa y violenta de lo que parecía una gran dificultad. [...]El gran ejército persa superaba muchas veces en número al pequeño ejército de Alejandro, pero el número aquí tenía poca importancia. La falange macedónica podía atravesar una cantidad de tropas sin inconveniente. Además, Darío estaba en la batalla y esto fue fatal, pues era de una increíble cobardía. [...]Darío, temblando aún, envió embajadores para ofrecer a Alejandro toda Asia Menor y una gran suma de dinero si aceptaba la paz. Al oír la oferta, Parmenio dijo: “Si yo fuera Alejandro, aceptaría”. Y Alejandro, despreciativamente, respondió: “Y yo también, si fuera Parmenio”.
Identifique las características del carácter de Alejandro a partir del texto.
La quimera del oro
Mientras descendían por el ribazo cojeando dolorosamente sucedió que el hombre que iba en cabeza se tambaleó entre el caos de rocas. Los dos estaban fatigados y débiles; sus rostros contraídos tenían aquella expresión de paciencia que confieren las privaciones largo tiempo soportadas. Iban pesadamente cargados, sujetas a sus hombros colgaban unas correas; otras correas pasaban sobre su frente y les ayudaban a sostener el fardo. Cada uno de los dos hombres llevaba un rifle y caminaba encorvado; los hombros hacia adelante, la cabeza inclinada, la vista clavada en el suelo.
—Me gustaría tener un par de los cartuchos que perdimos en nuestro escondrijo dijo el segundo hombre.
Su voz era inexpresiva. El otro no contestó.
Cruzaban ahora —el que había hablado pegado a los talones del otro— la corriente que espumeaba, lechosa, entre las rocas. No se habían quitado las botas, puesto que el agua estaba helada hasta el punto de que les dolían los tobillos y sus pies se entumecían. En algunos lugares el agua discurría contra sus rodillas y los dos vacilaban buscando dónde asentar el pie.
Jack London
¿Cuál es la razón de que los hombres tienen una expresión de paciencia?
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