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El sueño de Coleridge
Un emperador mogol, en el siglo XIII, sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII, un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. [...]
¿Qué explicación preferiremos? Quienes de antemano rechazan lo sobrenatural (yo trato, siempre, de pertenecer a ese gremio) juzgarán que la historia de los dos sueños es una coincidencia, un dibujo trazado por el azar, como las formas de leones o de caballos que a veces configuran las nubes.
Jorge Luis Borges
Lea el texto y responda.
La memoria del universo
La teoría del big-bang fue propuesta en 1948 por el físico nuclear y cosmólogo norteamericano de origen ruso Georgy Antonovich Gamow (1904-1968). Tiene sus antecedentes en los trabajos de Alexander Friedman y Georges Lemaître, de 1922 y 1927, respectivamente, quienes concluyeron en forma teórica que el universo está en continuo movimiento. Sin embargo, la piedra angular de la teoría del big-bang fue la interpretación del corrimiento hacia el rojo del espectro de las galaxias lejanas, hecho por Edwin Powell Hubble en el año de 1929.
En 1965 Arno Penzias y Robert Wilson detectaron la radiación cósmica de fondo, a la que se ha llamado el vestigio de la radiación fósil del universo. La radiación de fondo resultó ser constante e isotrópica (igual en todas direcciones), y su espectro, analizado de acuerdo a la ley de radiación de Planck, correspondió a una temperatura de 3 kelvins (las más recientes determinaciones arrojan un valor de 2.726 kelvins). Por el descubrimiento de la radiación de fondo cósmica, Penzias y Wilson fueron acreedores al premio Nobel de física en 1978. Este descubrimiento constituye la evidencia experimental más importante en la que se sustenta la teoría del big-bang.
José Luis Pineda Vega et alli
¿Cuál es la relación entre el corrimiento hacia el rojo con el big bang?
Identifique el hecho que se obtiene de la lectura.
Las hormonas sexuales y el cerebro
Los hombres y las mujeres pensamos, sentimos y actuamos diferente, pero ¿por qué? Se sabe, aunque no siempre lo comprendemos en nuestra vida diaria, que el cerebro de una mujer es distinto al de un hombre. Así, por ejemplo, en el hipotálamo (zona del cerebro que regula una gran cantidad de procesos fisiológicos, entre otros, el control de la temperatura y el del ciclo sueño-vigilia), hay regiones que participan en la conducta sexual cuyo tamaño, cantidad de células o las sinapsis (estructuras de comunicación entre dos neuronas) que establecen son diferentes en individuos de un sexo o de otro, lo cual repercute en la vida de todos nosotros. Estas diferencias se basan en un fenómeno muy interesante, conocido como diferenciación sexual del cerebro, en el que la participación de las hormonas sexuales es fundamental.
Ignacio Camacho Arroyo
Identifique cómo describe el autor al cerebro humano.
Arte y ciencia
El cerebro humano es una máquina de ordenar el mundo. Entre la ensalada de sensaciones que recibe de los sentidos, el cerebro escoge sólo unos cuantos detalles para someterlos al análisis de la conciencia. Con esos detalles construye una imagen coherente de la realidad que nos permite actuar: esquivar peligros, procurarnos beneficios y placeres; en general, sobrevivir. La extraordinaria capacidad humana para desmenuzar el mundo, encontrarle sentido y anticipar vicisitudes -capacidad que tienen otros animales, pero menos desarrollada- fue la única arma que tuvieron nuestros antepasados primitivos para sobrevivir en un entorno poblado de depredadores más feroces y más fuertes que ellos. Todos hemos heredado esa capacidad.
De modo que cada cabeza es un mundo, pero sólo en los detalles superficiales. En el fondo, todos pensamos igual, y sería de esperarse que se note. El biólogo estadounidense Edward O. Wilson señala que, puesto que toda la cultura humana tiene como origen el cerebro, las fuentes de todo lo que hacemos habría que buscarlas en el funcionamiento de ese órgano. El origen común del arte y la ciencia, según Wilson y otros, está en la capacidad del cerebro de imponer orden en el caos de la experiencia, y en el placer que nos produce ejercitar esta función.
Sergio de Régules
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