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Instrucciones: Responde las siguientes preguntas.
Lea el texto y responda.
Ilíada
Dijo, y, blandiéndola, arrojó la pica, de luenga sombra.Y el esclarecido Héctor la vio venir de frente y la esquivó,pues previó la dirección y se agachó; y la broncínea pica pasó volando por encima y se clavó en el suelo. Palas Atenea la sacóy se la devolvió a Aquiles sin que Héctor, pastor de huestes,lo notara. Y Héctor dijo al intachable Pelida:«¡Has errado, Aquiles, semejante a los dioses!¡No conocías gracias a Zeus sino contra lo que afirmabas! No has resultado ser más que un charlatán y un embusteroque quería asustarme para hacerme olvidar la furia y el coraje.No será por la espalda y huyendo como me clavarás la pica;¡en el pecho, según vaya furioso en derechura, húndemela,si es que el dios te lo ha otorgado! Mas esquiva mi picabroncínea primero: ¡ojalá se te meta entera en el cuerpo!La guerra se volvería más liviana para los troyanoscon tu muerte, pues eres para ellos la peor calamidad.»
Homero
Identifique las características de Héctor a partir del texto.
Los griegos
Durante la Edad Micénica, las armas se hacían con la aleación de cobre y estaño que llamamos bronce. Los héroes de La Ilíada arrojaban lanzas con puntas de bronce contra escudos de bronce y esgrimían espadas de bronce, según la cuidadosa descripción de Homero. El bronce era a la sazón el metal más duro del que disponían los griegos, y el período en que se usó en la guerra es llamado la Edad de Bronce.
El hierro era conocido por entonces y los hombres comprendieron que se lo podía tratar de tal modo que fuera más duro que el bronce. Pero no se conocían métodos para obtener hierro de los minerales que lo contenían, de manera que el único hierro disponible provenía del ocasional hallazgo de hierro metálico en la forma de un meteorito. Por eso, los micénicos lo consideraban un metal precioso.
Isaac Asimov
¿Qué se puede inferir del texto sobre la descripción de los metales?
Identifique la idea principal del texto.
Breve historia de la química
Hasta las más sencillas de las sustancias orgánicas tenían moléculas formadas por una docena de átomos o más; la mayoría por varias decenas. En cuanto a las sustancias como el almidón y las proteínas, poseían literalmente moléculas gigantes que pueden contar sus átomos por cientos y cientos de miles. No es de extrañar, pues, que las complejas moléculas orgánicas pudieran romperse fácilmente y de modo irreversible incluso por fuerzas ruptoras poco enérgicas, tales como el calentamiento suave, mientras que las moléculas inorgánicas sencillas se mantenían firmes incluso bajo condiciones muy duras. También resultó cada vez más necesario señalar que todas las sustancias orgánicas, sin excepción, contenían uno o más átomos de carbono en su molécula. Casi todas contenían también átomos de hidrógeno. Como el carbono y el hidrógeno eran inflamables, no resultaba sorprendente que los compuestos de los que forman una parte tan importante fueran también inflamables.
Vacas, cerdos, guerras y brujas
Algunos de los estilos de vida más enigmáticos exhibidos en el museo de etnografía del mundo llevan la impronta de un extraño anhelo conocido como “el impulso de prestigio”. Según parece, ciertos pueblos están tan hambrientos de aprobación social como otros lo están de carne. La cuestión enigmática no es que haya gentes que anhelen esta aprobación social, sino que en ocasiones su anhelo parece volverse tan fuerte que empiezan a competir entre sí por el prestigio como otras lo hacen por tierras o proteínas. A veces esta competencia se hace tan feroz que parece convertirse en un fin en sí misma. [...] Se diría que estamos más interesados en trabajar para conseguir que la gente nos admire por nuestra riqueza que en la misma riqueza, que muy a menudo no consiste sino en baratijas de cromo y objetos onerosos o inútiles.
Marvin Harris
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